Silencio en el tiempo.

Aunque el tiempo sea una ilusión y los principios y los fines una mera forma de delimitarlo, me renconforta este día. Más allá del concepto de “año nuevo” me gusta pensar que las personas pasen un ratito de más en su mundo interno hoy, reflexionando sobre los resultados del tiempo, de una forma o de otra. Todos necesitamos más mundo interno, más conocernos, escuchar, percibir, comprender…

Este año ha pasado todo en mi silencio, con tanto y tan poco he dejado de intentar etiquetar este tiempo como algo tan simple como “bueno” o “malo”. Me he empezado a descubrir cuando he dejado de escribirme para fuera y he comenzado a hacerlo para dentro. Releyendo, como siempre, he querido traer un trocito de todo este silencio, tan desordenado como siempre, tan despreocupada como nunca:

«…
y un destello de luz que desmienta
que no he vuelto a sentir ningún invierno,
a acaparar la magia que reflejaba.
Acabé encontrando la salida fácil, amor…
no encontré ni un pedacito de ti en ella».

Como siempre, por menos odio. 

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Silencio en el tiempo.

No hay camino que engañe al lobo.

Cuando nadie me encuentre seguramente sea porque haya dejado de esconderme, porque el miedo a no ser buscada haya agotado las esquinas y toda esta rabia retumbe por las grietas. Porque ya no esté en alguna esquina, lamentando haber llegado tarde a ese tren que todos advirtieron que solo pasaría una vez.

Cuando ya no me encuentre tal vez haya encontrado otra estación en la que esperar sin destino, intentando dejar al miedo en blanco y encontrar la esperanza en el tren de vuelta. Cuando ya no me encuentre dejaré de buscarme en el espejo y tal vez pueda dibujarme una nueva silueta en la huida. Ya no sé si quiero ser reconocida.

Cuando ya no me encuentre, solo espero dejar de buscarme ahí donde ya he estado. Y perdido.

No hay camino que engañe al lobo.

Jaulas sin cerradura.

“I had the worst thought: I’ve got to spend the rest of my life with myself”.
– The Edge Of Seventeen

Ojalá todos los puentes que estoy quemando fueran calor suficiente
y no me quedase atrapada en las excusas que no me dejo de poner,
ojalá llegar a ese deseado “yo”
que no tiene nada que ver con la persona del espejo,
¿qué peor cárcel que odiar tu piel?

Porque por muchos escalones que suba nunca saldré de ella,
sigo atrapada en esta jaula de la peor manera posible:
de por vida y sin escapatoria posible.

Ojalá joder… ojalá,
pero he desenvuelto tanto odio ya
que por mucho que agite la jaula
se me sigue escapando la libertad.

Jaulas sin cerradura.

Sigo midiendo el tiempo en treces.

Como un continuo domingo a las 8 de la tarde, ¿sabes? como un “te quiero, pero…” muriendo de rodillas por un “pero te quiero”, y mira que se parecen tanto que destruyen.

15 de enero de 2013

He caído y he rebotado en sinsentidos que han recobrado significado con el paso de los años. Con el paso de los años y de los daños, el paso de pisadas por mi patio y mis escaleras: sigo subiendo agarrada a la barandilla, ya no sé si es por vértigo o por costumbre. Sigo reconstruyendo los domingos con párrafos como si no hubiera aprendido ya a diferenciar un mal día de uno vacío. Desde que mi suerte se ha tatuado un trece he empezado a creer más en los cambios de sentido a mitad de carrera y menos en las direcciones prohibidas. Pero lo reconozco, soy incapaz de salir sin mirar de reojo, incapaz de no querer dejarme el alma en los atajos y contar que nunca me hizo falta, que nunca he tenido que parar a coger aire. Lo siento por ser tan repetitiva; lo siento por seguir pidiendo perdón, sabes que hay cosas que nunca cambian y distancias que no se acortan por recorrer kilómetros. Así que sigo creyendo en la calma que espero desenvolver en mi misma, reboto y siguen pasando años sin nada que contar, mucho que decir. Siempre rebuscando palabras, y ojalá algún día sean las correctas.

Sigo midiendo el tiempo en treces.