Suya.

Atrapada en tanta poesía
respira la libertad de saber que todas las palabras se quedan pequeñas.

Se ríe mientras baila por plazas anochecidas
que hace tiempo que dejó de creer en príncipes
para aprender a creer en si misma.

La que deja poetas que no pueden evitar escribir sobre ella
cuando después de lavar las sábanas treinta veces
siguen teniendo su olor
y parece que los espejos no puedan olvidarse de su reflejo.
Poetas que no supieron amarla como era:
entera,
libre
y propia.

Que confunde hasta a las estaciones
y me deja pasando frío en agosto
y miedo en septiembre.

Qué mal uso de palabras si no son para hablar sobre ella
y comprender que no cabe en los poemas,
porque delimitarla a versos sería empequeñecerla
e intentar hacerla tuya es tratar de robarle lo que es:
suya.

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Suya.

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