Miedos descarrilados.

A cien pasos de un portal oscuro me doy cuenta de los charcos,
de cómo salpican las gotas al caer,
cada pequeño impacto en la penumbra que descarrila entre la lluvia.
A cien pasos
sobre los que todavía no sé volver
y no sería capaz de descifrar aunque todos los semáforos me encontraran.

Entre salpicaduras de coches,
auriculares evadiendo mentes del caos,
autobuses repletos de miradas anónimas que evitan cruzarse,
escucho el latido de mi corazón
y anhelo el silencio que lo reconforta durante el caos de las ciudades en invierno.

Rebusco tranquilidad entre mis recámaras,
tal vez un escombro perdido de mi último disparo,
una gota que arranque de raíz los pitidos que interrumpen mi calma,
calma perdida entre miedos a congelar otras estaciones.

Desencadeno entre pasos y me da por temer
estos dedos demasiado fríos para el calor de un corazón,
he perdido el rumbo varias veces
y aun así sigo sabiendo dónde estoy
y cada gota en la cara me recuerda:
que por lo menos estoy en sincronización con este tiempo.

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Miedos descarrilados.

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