El tiempo entre mis dedos.

«No matter how wide you stretch your fingers,
your hands will always be too small to catch all the pain you want to heal».
– Sarah Kay

Tendría que dejar de ahogarme intentando saltar charcos
y esperar que me rescaten otros salvavidas que no sean mis manos,
temblando
ante el invierno que supone confundir las palabras con sus efectos secundarios.

Debería dejar de asomarme al precipicio
esperando encontrar algo más que vacío,
escoltarme del vértigo que supone navegar en círculos,
porque sigo perdida aun con brújula en mano
y en esta puta órbita sigue circulando el terror de caminar sin llegar al calor.

Debería aprender,
cinco años ya,
que la luz al final del túnel es tan efímera como ausente,
que no importa cuánto intente extender mis dedos:
jamás podrán acaparar todo el daño que quiero curar.

Porque sigo midiendo el tiempo en treces,
mi miedo en parpadeos
y se me escapan mundos entre cada uno de ellos.

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El tiempo entre mis dedos.

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