Sigo midiendo el tiempo en treces.

Como un continuo domingo a las 8 de la tarde, ¿sabes? como un “te quiero, pero…” muriendo de rodillas por un “pero te quiero”, y mira que se parecen tanto que destruyen.

15 de enero de 2013

He caído y he rebotado en sinsentidos que han recobrado significado con el paso de los años. Con el paso de los años y de los daños, el paso de pisadas por mi patio y mis escaleras: sigo subiendo agarrada a la barandilla, ya no sé si es por vértigo o por costumbre. Sigo reconstruyendo los domingos con párrafos como si no hubiera aprendido ya a diferenciar un mal día de uno vacío. Desde que mi suerte se ha tatuado un trece he empezado a creer más en los cambios de sentido a mitad de carrera y menos en las direcciones prohibidas. Pero lo reconozco, soy incapaz de salir sin mirar de reojo, incapaz de no querer dejarme el alma en los atajos y contar que nunca me hizo falta, que nunca he tenido que parar a coger aire. Lo siento por ser tan repetitiva; lo siento por seguir pidiendo perdón, sabes que hay cosas que nunca cambian y distancias que no se acortan por recorrer kilómetros. Así que sigo creyendo en la calma que espero desenvolver en mi misma, reboto y siguen pasando años sin nada que contar, mucho que decir. Siempre rebuscando palabras, y ojalá algún día sean las correctas.

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